Caminar mucho también tiene sus consecuencias

Relato en primera persona: Aniko Villalba – Viajando por ahí

Me encanta conocer un lugar caminando, creo que el ritmo de nuestros pies es perfecto para ir viendo los detalles que nos rodean y que pasan desapercibidos si vamos en un medio de transporte. Por eso viajar, para mí, equivale a pasarme horas caminando sin rumbo, explorando los rincones turísticos y no turísticos del mapa.

En el 2014 decidí quedarme a vivir en Biarritz, Francia, así que la frecuencia de mis caminatas disminuyó bastante: era invierno, llovía mucho y yo estaba encerrada trabajando en mis libros. En diciembre de ese año viajé a Barcelona a encontrarme con amigos y, durante cuatro días, caminamos de seis a ocho horas diarias sin descanso. El resultado fue que me desperté con un dolor muy fuerte en la rodilla: no podía subir ni bajar escaleras y me costaba mucho caminar. Volví a Biarritz y estuve con ese dolor varias semanas: no solo no podía caminar sino que tampoco podía nadar, otra de mis actividades preferidas. Assist-med me arregló una cita con un médico y ahí supe que tenía tendinitis. Tomé antiinflamatorios, me hice masajes con Diclofenac y me recuperé de a poco, pero el dolor tardó mucho en irse. Ahora estoy bien otra vez y lista para seguir recorriendo lugares nuevos a pie.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *